Galletas para perro de Algarroba y Canela

El pasado fin de semana aproveché para desempolvar el rodillo, las varillas y los boles y ponerme manos a la masa. Tengo varias recetas de galletas para perro sencillas pero me apetecía crear una nueva y pensé que con lo maravillosamente bien que huele la canela y todas las propiedades que tiene no podía faltar. La algarroba vino sola por eso de darle un poco de color al asunto y tachaaan… nueva receta de galletas. Seguir leyendo “Galletas para perro de Algarroba y Canela”

Proaza y Santo Adriano con perro

Esta entrada la tengo pendiente desde 2015. Unos días antes de que acabara el año, cogimos el coche y decidimos perdernos por Asturias. Al principio no sabíamos si habíamos dado con el sitio correcto pero según avanzaba el día nos dimos cuenta de que sí!

Así que leed sin miedo que el final guarda una sorpresa  Seguir leyendo “Proaza y Santo Adriano con perro”

Mascoticlub Enero 2016

Amy ya ha probado la Mascoticlub de San Valentín ❤. Qué sí! Qué no me confundí de mes. Es que la Mascoticlub de enero tiene esta temática porque está ya ahí al lado.

Y con todo el amor que nos dan nuestros peludos cada día, ¿no merecen celebrarlo? Yo creo que sí. Y si vosotros también, acordaos de que podéis conseguir la Mascoticlub con 5 euros de descuento con el código LADRIDOS5 🙂 en mascoticlub.com Seguir leyendo “Mascoticlub Enero 2016”

Amy

La protagonista de este blog se llama Amy. Apareció en mi vida un sábado Amy de paseo un sábado cuando estaba aún en la protectorade agosto en el año 2011. Un mes antes había empezado como voluntaria en una protectora de mi ciudad, Oviedo, llamada Másquechuchos. Todos los sábados iba al refugio a ayudar con el cuidado de los perros. Ese día nos habían avisado de una clínica en un pueblo cercano para recoger a una perra que llevaba una semana vagando por allí. Hacía poco de la muerte de Amy Winehouse así que le quedó el nombre. De camino al refugio me senté a su lado en el coche, Amy metió la cabeza por detrás de mi espalda, tímida y temerosa. A partir de ahí no hubo marcha atrás.

Siempre había querido un perro, tenía 15 años y me los había pasado (desde que aprendí a hablar) aprovechando toda ocasión para pedirles a mis padres un perro pero nunca lo había conseguido. Empecé a sacar a Amy cada sábado de paseo. Buscábamos un cachito de prado donde sentarnos las dos para, simplemente, disfrutar del tiempo juntas. Llegaba a casa y le hablaba a mi familia de Amy. Mi madre fue la primera en darse cuenta de que era especial y tarde o temprano iba a acabar en casa. El dos de enero de 2012, la llevamos a pasar el día a la playa y después de comer, cuando había que llevarla de vuelta al refugio, fuimos incapaces. Amy se echó en una esquina del sofá y se puso a dormir totalmente convencida de que no se movería de ahí para ir a ningún sitio. Si hubiese podido hablar, no habría podido expresar tan claramente que se sentía en casa.

La esquina del sofá de Amy

Amy se quedó en casa a condición, como les dije a mis padres, de que no se fuera nunca mordiera lo que mordiera, liara la que liara, pasara lo que pasara, para el resto de su vida. Lo recuerdo como el momento más feliz de mi vida.

Amy en sus primeros días en casa